miércoles, 18 de noviembre de 2009

lecciones de vida

Malcom estaba sentado en la banca del parque atento a lo que ocurría a su alrededor. A esta hora del día el lugar se encontraba prácticamente desierto. Había un hombre que arrojaba palos a su perro y un mujer en short y playera recorría lo senderos en los juegos había un grupo de pequeños alguno de yo iban con su mama. Malcom miro su reloj. Faltaban cinco para las doce. Elaine llegaría en cinco minutos era siempre puntual era una de las muchas cosas que a el le gustaba de ella.

Malcom se había prendido de Elaine desde la primera vez que la vio. Era su tipo. Tenía cabellos largos como seda. Su mirada era profunda y pensativa.

De un tiempo a la fecha, esos ojos tenían un aire triste.
Malcom miro hacia al sendero, por donde la corredora se había perdido a lo lejos. Pudo apenas distinguía una silueta delgada, de cabello largo, que se acercaba caminado.



Lunes 16 de julio
Querida Elizabeth

No he descruzado los dedos. Ya han pasado unas cuantas semanas. Ha habido muchos cambios. Para comenzar, Raquel esta mucho más comunicativa. Además mi papa ya no llega tarde de la oficina. Mama dice que esta a prueba. El, hasta se ha puesto a cocinar. La otra noche vino linda y no le hizo ni una grosería.
En la escuela todo ha mejorado también, desde que mi papa fue a hablar con la señora Aske de Stuart Hall. Mi preocupación era que Stuart se pusiera mas pesado. Pero no fue así. La señora Aske nos obligo a sentarnos a platicar nuestros sentimientos. Stuart dijo que sentía que yo lo despreciaba, lo que me parece francamente raro, porque yo nunca menosprecio a nadie. Al menos no que yo me de cuenta.
Claro, Stuart tampoco ha cambiado tanto. No ha dejado de interrumpir las clases para decir estupideces. (¡Ay!, creo que estoy siendo despectivo). Como quiera, ha mejorado mucho.
Esta será la ultima carta que te escriba, y quiero agradecerte que siempre me hayas escuchado. Has sido una amiga de verdad y una ayuda para mí. Pero ahora que he empezado a salir con Karen, o a medio salir con Karen, no, me perece correcto seguirte escribiendo. Estoy seguro de que sabrás comprender. Siempre lo has hecho. De modo que adiós Elizabeth. Pásala bien el resto de tu vida.

Besos
Mateo

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